LA PANDEMIA. EL
VIRUS DEL MIEDO Y DEL REGAÑO
Por cómo me he comportado a la largo de esta pandemia, algunos pensarían que yo merezco contagiarme, yo por el contrario creo que nadie merece padecer un mal de este tipo, pero ya que existen enfermedades en este mundo, yo pienso que en vez de culparnos por enfermarnos, tendríamos que ser mucho más humanos y mucho más empáticos
A comienzos de marzo yo me encontraba desempleado y en un momento de transición en mi vida, lleno de incertidumbre pero listo para encarar nuevos retos, cuando de pronto se apareció una pandemia ocasionada por un virus que vino a afectar la vida de todos y cada uno de los seres humanos que habitamos este hermoso planeta. Cuando comencé a investigar sobre el tema me encontré con una gran cantidad de información, pero con muy poca veracidad, así que lo que hice fue hablar con un doctor de mi total confianza y al escucharle de inmediato me sentí tranquilo al saber que a mi alrededor eran pocas las personas vulnerables y que en lo personal yo me sentía joven (aunque ya no soy tan joven), sano y fuerte como para que un virus fuera a modificar, o acabar, mi vida. Así que partiendo de esa calma comencé a pensar en las acciones preventivas que debía considerar para afrontar el reto de no enfermarme, pero sobre todo de no andar contagiando a más gente, pero sin olvidarme de que en mi situación personal estaba ante el reto de sobrevivir sin empleo y casi sin dinero frente a una realidad que rápidamente comenzaba a devorar la salud, las mentes y los bolsillos, de millones de personas. De inmediato me di cuenta que la estrategia que yo pensaba seguir para cuidarme no coincidía con lo que muchos pensaban, sobre todo con lo que las autoridades a través de los medios masivos estaban diciendo, pues muchas de sus medidas además de parecer exageradas e ilógicas, eran inoperables para un gran sector de la población. Pero lo que más intranquilo me dejo fue la reacción de la gente, pues en vez de unirnos ante una situación difícil, de pronto todos estaban reaccionando egoístamente y sobre todo con una soberbia enorme que estaba cimentada sobre un castillo de arena donde se escondía el miedo a morir. Y con ello comenzaron los regaños.
De entrada la frase que más se escuchaba era el famoso “quédate en casa”, algo que en lo personal resultaba imposible pues yo tenía que salir a buscar mi suerte; al principio trate de ignorar el consejo, pero luego de escucharlo a toda hora, llego un punto en que me indigesto a tal grado que sentía que lo único que se obtenía con esa medida era un miedo excesivo para la sociedad. Quédate en casa, por alguna extraña razón me sonaba a imposición, a evadir el problema, me sonaba un poco al “vete al rincón” con el que los maestros castigaban a los alumnos que no podían controlar en las escuelas, y creo que el momento era de buscar soluciones, no de regañar.
Pues yo desde que comenzó la pandemia, al seguir saliendo a la calle, yo tuve que adaptarme a las medidas de distintos lugares, y créanme que en ningún lugar las medidas eran las mismas, pero todos pensaban que solo ellos se estaban cuidando bien y que los demás eran unos irresponsables. Las primeras semanas yo intente lidiar con eso tratando de incluso hacer recomendaciones de las medidas que yo consideraba oportunas, pero luego de un tiempo me di cuenta que la gente no estaba en posición de escuchar, pero si en posición de opinar. Por otro lado a lo largo de esta pandemia yo he sentido un egoísmo total al satanizar a aquella persona que contraiga el virus, con ideas como: fue por irresponsable, que se muera él pero que no contagié a todos, si me enfermo por tu culpa, entre muchas otras frases por el estilo que he escuchado. Para mi el amor a ciertas personas torna imposible el hecho de culparlas por enfermarse, e incluso por contagiarme, y sobre todo si alguno de mis seres queridos se llegará a enfermar, sepan que yo estaría para tratar de ayudar con lo que fuera, poco o mucho, pero siempre poniendo el concepto de empatía por delante de todo, si yo estuviera enfermo y me sintiera muy mal, me gustaría que alguien estuviera al pendiente de mi, por ello a todos aquellos que mencionaban que si andas en la calle también deberías estar en el hospital arriesgando tu vida, sepan que yo por un par de personas arriesgaría mi vida, y por muchas otras haría lo que fuera por ayudar.
En lo personal, aunque no me considero una persona muy religiosa, pero creo mucho en la fe, para mi tener fe es algo sumamente importante, hay que tener fe en uno mismo, en que uno es más fuerte que las enfermedades, en que la vida puede ser mejor, en que algo o alguien protege a los seres queridos; por ello yo en esta pandemia solía ir a lugares en donde pudiera estar solo en medio de la naturaleza para orar por la gente que yo quiero, para pedir porque nadie de los míos se encontrara con el virus, y también para que mi gente usara sus pensamientos de manera positiva en contra de los miedos y las preocupaciones, para que en vez de preocuparse, se ocuparan en estar sanos, comer bien, hacer ejercicio, ocupar su tiempo en esparcimiento positivo para que vencieran esta batalla a la que nos estábamos enfrentando, pero por el contrario me encontré con actitudes para mi inexplicables, como gente saturando sus cabezas con cosas negativas, con envidias, con coraje e incluso odio. Incluso me llegaron a regañar sin motivo razonable por ir a respirar aire fresco a la naturaleza, como si no supieran que la naturaleza es sabía, más sabía que nosotros, y como si no hiciera falta que en estos momentos nos uniéramos en oraciones y plegarias para que todo mejorara.
Afortunadamente después de varios meses
Regañar por recoger basura
Este escrito personal surgió de la necesidad de desahogarme pues por momentos el mundo y la sociedad actual me hicieron sentir muy solo.
QUEDATE EN CASA
RECOGE BASURA
NO VAYAS A LUGARES NATURALES
En la actualidad los humanos hemos afectado nuestra naturaleza en gran magnitud, actualmente hay un agujero nuevo, el del covid, pero para tapar ese agujero nos están diciendo que destapemos cuantos hoyos sean necesarios para taparlo, pero nos estamos olvidando de los cientos de hoyos alrededor, y yo por momentos hago la reflexión, no sería mejor comenzar a tapar los demás agujeros primero, o al menos al mismo tiempo que el del covid, y tratando de no crear nuevos agujeros que pongan en riesgo la vida en general
Seamos responsables de lo que hemos hecho como
humanidad. El maltrato ambiental, el maltrato animal y el maltrato humano nos
han llevado a tener un mundo que todos en algún momento hemos llegado a odiar
Pues
sepamos que si nos toca morir, será mejor hacerlo tratando de resarcir el daño
que a lo largo de la historia hemos causado.A final de cuentas para eso es el amor,
para desearle lo mejor al otro.
Nos
han hecho pensar que el que se infecta de coronavirus es un demonio, pero él no
eligió enfermarse de ningun virus, nadie elige eso, nadie quisiéramos eso ni
para nosotros, ni para nadie de los que queremos, es la vida, son los ciclos de
la maldita vida. Olvídense de los ciclos del maldito dinero, del maldito poder,
de los políticos, de los presidentes, gobernadores, diputados y senadores,
empecemos a hacerle caso a los ciclos de la bendita vida, o tu qué opinas hermosa
gaviota que llevas colgando un pedacito de plástico atorada en tu pico.
Regañan
por tener miedo a no vivir en vez de tenerle miedo a morir.
